Por: Gabriel Di Nicola
Pericia psicológica de Nicolás Pachelo realizada en 2004 en el jucio abreviado en C.A.B.A.

Los jueces que condenaron a tres familiares de María Marta García Belsunce, al primer médico que llegó a la escena del crimen y a un vecino del country Carmel descartaron la hipótesis de la familia de que los restos de sangre hallados en la casa de la víctima correspondan a los asesinos.
Además, respaldaron el desempeño del primer fiscal de la causa, Diego Molina Pico, para quien la familia de María Marta pidió un juicio político.
"Las laboriosas defensas sostuvieron que existió por parte del fiscal de la causa, Molina Pico, un actuar negligente de su parte y que, a partir de allí, todo lo que sobrevino después no fue más que un intento del mismo encaminado a salvaguardar su propia responsabilidad profesional", afirmó el juez Alberto Ortolani, voto al que adhirieron sus dos colegas.
"Todo lo que ocurrió, en gran medida, encuentra su explicación en las conductas encubridoras de los aquí acriminados que no sólo ocultaron la verdad, sino que fueron más allá. Se encargaron con tesón y constancia de enmascararla, creando ante la vista de todos, incluso la del propio fiscal, una realidad paralela y por lo tanto virtual en la que María Marta no sería más que víctima de su propia torpeza", expresó el juez Ortolani.
Con respecto a los restos de sangre hallados en la casa del country Carmel, los investigadores levantaron muestras de tejido hemático con dos perfiles masculinos y otro femenino en una alfombra que, cuando fueron cotejados, no correspondían a ninguno de los condenados.
Ese dato siempre fue remarcado por la familia ya que, a su entender, esos rastros pertenecen a las personas con las que María Marta se peleó antes de ser asesinada
Pero en el fallo que se conoció anteayer, el juez Ortolani dijo que "sostener que el autor del hecho es quien dejara la muestra de sangre es sencillamente perder el equilibrio que debe gobernar toda interpretación que se hace de un hecho objetivo de la realidad".
El magistrado consideró que esas muestras fueron tomadas "en el lugar del hecho y no en la escena del crimen", es decir, en distintas lugares de la casa y no en el baño, donde María Marta fue asesinada.
El juez Ortolani se equivocó. En realidad sí hay sangre en el baño (ver video), específicamente en una de las vigas del techo y en el marco de la puerta (ver nota explicativa de rastros encontrados).
El juez Ortolani ignora que"Lugar del hecho" y "escena del crimen" son sinónimos. Al respecto Ramón O. González. (Lic. en criminalística. Profesor Titular de la Cátedra de Documentología II. Universidad Nacional de La Rioja - Argentina) en su trabajo "Documentología relacionada con el lugar del hecho, dice:
... "la diferencia de “el lugar del“hecho” y “escena del Crimen”, indicando que, como ya se expresó, en el lugar del hecho se debe establecer la naturaleza del suceso. En el caso de que esta investigación de como resultado que las circunstancias y características del mismo hacen suponer la existencia de un delito, pasa a denominarse técnicamente“escena del crimen”. Sin embargo, hasta que se constate ó se descarte la comisión de un ilícito, todo “lugar del hecho” debe ser considerado y tratado como una “escena del crimen potencial”, debiendo el responsable de su procesamiento generar los resguardos necesarios para “garantizar la intangibilidad de los elementos, rastros o indicios que puedan existir y para evitar cualquier pérdida, alteración o contaminación”. (ver documento completo)
En una pared de la antesala, en la planta alta de la casa que compartían María Marta García Belsunce y su esposo, Carlos Carrascosa, en el country Carmel, de Pilar, hay tres huellas digitales de una mano izquierda. La identidad de su dueño es, a casi siete años del asesinato de la mujer, un acertijo, como lo es el de los restos de sangre que denotan la presencia, en la escena del crimen, de personas también desconocidas.
Aquellas "huellas latentes", como se denomina en criminalística a las impresiones dactilares sin dueño conocido halladas en la escena de un crimen, no son de la víctima ni de su marido, condenado sorpresivamente, hace cuatro días, a prisión perpetua. Tampoco de su cuñado Guillermo Bártoli (sospechoso de la coautoría, según el fiscal Diego Molina Pico) o de alguna de las casi 200 personas que, como testigos o acusadas, estuvieron vinculadas con este resonante caso.
El fiscal de Pilar Gonzalo Aquino, que hace un año y medio reemplazó a Molina Pico, está abocado a desentrañar el misterio de las huellas. Una de sus últimas medidas fue pedir a la Policía Federal y a Interpol que cotejen aquellas huellas con los registros criminales nacionales e internacionales, en busca de coincidencias con las de otro asesinato o con las impresiones dactilares de algún sicario extranjero o local.
La cuestión de las huellas que denotan la presencia en la casa de personas ajenas al círculo de familiares y amistades de la víctima sigue irresuelta, y el ADN de los restos de sangre hallados en la escena del crimen no coincide con los rasgos genéticos del viudo y de Bártoli. No obstante, la Cámara de Casación Penal bonaerense revocó la sentencia con la que el Tribunal Oral N° 6 de San Isidro había responsabilizado a Carrascosa como encubridor del crimen y lo condenó a prisión perpetua como autor de la muerte de su mujer.
Contra lo que había entendido el tribunal de juicio, Casación consideró que Carrascosa había estado en la escena en el momento del asesinato. A pesar de no contar con el arma homicida o con rastros científicos concretos (como aquellas huellas), conjeturaron que el factor temporal bastaba para colocarlo en situación de haber podido cometer el crimen, idea reforzada por los actos desplegados más tarde por Carrascosa y algunos familiares y amigos suyos, tendientes a instalar la idea de que la muerte había sido producto de un accidente doméstico, a evitar la acción de la policía y a deshacerse de todo elemento comprometedor, como el famoso pituto.
Si las huellas en la escena del crimen no son de Carrascosa o de su cuñado, tampoco incriminan a quienes la defensa del viudo y el resto de la familia de la víctima señalan como responsables del crimen: Nicolás Pachelo, un vecino con el cual la víctima había tenido problemas previos (lo acusaron, incluso, de haber secuestrado la perra de María Marta), y uno de los vigiladores del country, José Ortiz, de quien algunos de sus ex compañeros dijeron que entraba en casas de Carmel para robar.
Fuentes judiciales explicaron que la idea de comparar las huellas encontradas en la casa de la víctima con las de un sicario encontró inspiración en los lineamientos de su acusación en la primera audiencia del juicio oral contra Carrascosa del fiscal natural del caso, Molina Pico, quien había sugerido entonces que el homicidio habría sido ejecutado por orden del mexicano cartel de Juárez.
Durante los últimos 18 meses, el fiscal Aquino recorrió el último trayecto que hizo María Marta antes de que la mataran, entre la casa de su hermana, Irene Hurtig (donde su esposo estaba viendo el River-Boca que se jugó aquel lluvioso domingo de octubre de 2002); reconstruyó las circunstancias del homicidio e interrogó a más de cien testigos.
Además, ordenó realizar peritajes en un revólver calibre 38 hallado en una zanja dentro del country Carmel con los que descartó que se tratara del arma homicida. Por último, hace diez días rechazó un pedido de los abogados de la madre de García Belsunce para revisar el pozo ciego de la casa de Pachelo, el principal sospechoso del homicidio, según la familia de la víctima.
Los querellantes, que buscan probar que el asesino es ajeno al círculo íntimo de la víctima y de Carrascosa, presentaron aquella solicitud porque la mujer que alquiló la casa donde vivía Pachelo en el momento del asesinato dijo que la cámara séptica había sido rellenada con cemento.
RECOMPENSA Y NOVEDADES
Otra de las medidas impulsadas por el fiscal Aquino fue la de solicitar al gobierno provincial que ofreciera una recompensa por el caso. El Poder Ejecutivo bonaerense, a través del Ministerio de Seguridad provincial, ofrece hasta 150.000 pesos para quien aporte datos que contribuyan a resolver el homicidio. El ofrecimiento quedó firme en mayo del año pasado y figura en la resolución 625, rubricada por el ministro Carlos Stornelli. Hasta el momento, nadie apareció para aportar datos concretos.
Con todas las medidas impulsadas por Aquino el último año y medio, la causa penal en la que se investiga el crimen de Carmel ya acumuló 40 cuerpos, de 200 fojas cada uno.
En los próximos días el caso producirá novedades en tres frentes. Por un lado, sigue adelante en la fiscalía de Pilar la investigación para tratar de identificar al autor material del asesinato, con la novedad de que, a instancias de la decisión de Casación, se debe investigar a dos allegados a Carrascosa como coautores: según las sospechas de Molina Pico, la media hermana de María Marta, Irene Hurtig, y el esposo de ésta, Guillermo Bártoli.
La Justicia de San Isidro también debe definir la fecha en la que se hará la audiencia previa al juicio oral contra los siete procesados por el encubrimiento del homicidio. Cuatro son familiares de la víctima. A través de sus abogados, en una sesión que se realizará el mes próximo, ofrecerán los testigos para que declaren en el juicio oral, que comenzará en junio de 2010.
Y la Suprema Corte bonaerense, a instancias de la defensa, deberá definir si acepta revisar el fallo de Casación que condenó por homicidio a Carrascosa. "Nunca un tribunal de Casación revocó un fallo de un tribunal oral como lo hizo ahora. Lo máximo había sido ordenar un nuevo juicio, pero nunca se condenó a nadie sin haber escuchado a los testigos del debate", dijo uno de los defensores.
CLAVES
ADN es una sigla extendida en el vocabulario popular de los últimos años y que hace unas décadas sólo la utilizaban los científicos. El ácido desoxirribonucleico (ADN) contiene la información de la secuencia del genoma, el material genético con el cual estamos hechos cada uno de los seres humanos.El genetista Eduardo Raimondi, presidente de la Fundación Favaloro, lo explica: “El genoma está compuesto por sustancias parecidas a las letras. Cada individuo tienen una única combinación de esos caracteres y en esa particular combinación está su identidad. La aplicación de esta técnica afinó muchísimo la puntería forense porque se puede leer directamente la secuencia de estas ‘letras’ que escribe un genoma y podemos ver diferencias de hasta una ‘letra’, de hasta un nucleótido. Esta posibilidad le da a la Justicia una fuerza inusitada. Así nos acercamos a la identidad absoluta”.Tres vecinos del Carmel se sometieron ayer a una extracción de sangre para que su ADN fuera cotejado con el perfil genético de los rastros levantados en la casa del country en el que la socióloga María Marta García Belsunce fue asesinada de cinco disparos en la cabeza, el 27 de octubre de 2002.
Sergio y Viviana Binello y Nora Burgués de Taylor cumplieron ayer por la mañana, en la Asesoría Pericial de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, en La Plata, con la medida solicitada por el equipo de fiscales de San Isidro, designado para llevar adelante, desde el próximo 20 de febrero, la acusación en el juicio por el homicidio, en el que estará sentado, como único procesado, el viudo de María Marta García Belsunce, Carlos Carrascosa.
Quienes se negaron a someterse voluntariamente a la medida judicial fueron los familiares directos de la víctima: su hermano Horacio, sus medio hermanos John e Irene Hurtig, y el esposo de Irene, Guillermo Bártoli.
El abogado de los último tres, Alejandro Novak, justificó ayer a la agencia de noticias Télam la ausencia de los familiares con el argumento de que la medida judicial es improcedente. "No hay contexto jurídico para pedir esta extracción de sangre. Es una medida «descolgada». No podían pedir esta medida dentro de la causa por homicidio porque ya está elevada a juicio y tampoco en la causa por encubrimiento porque el propio Ministerio Público Fiscal consideró clausurada la instrucción y ésas son las dos únicas causas que se encuentran en trámite", explicó.
Otra que no se presentó, a pesar de que integraba la lista de personas para las cuales los fiscales requerían la extracción de sangre a efectos de una comparación genética, es Inés Dávalos, esposa de Nicolás Pachelo, un ex vecino del Carmel hacia el cual, en su momento, los familiares de María Marta apuntaron sus sospechas respecto de la eventual autoría del hecho. Ocurre que está de viaje, explicaron fuentes de la causa. Tiempo atrás, Pachelo dio su sangre para un cotejo similar, y su ADN no coincidía con el que aparecía en las huellas levantadas de la escena del crimen.
Sí se presentó para cumplir con la medida en La Plata Norberto Glennon, uno de los vigiladores del country.
Ayer, al término de la diligencia, Juan Pablo Vigliero, abogado de Burgués de Taylor, dijo: "Que la verdad pueda aflorar después de tanto tiempo" y cuestionó la investigación llevada adelante por el fiscal Diego Molina Pico.