Web Toolbar by Wibiya Caso García Belsunce: Molina Pico se creyó Julio César

lunes, 20 de agosto de 2007

Molina Pico se creyó Julio César

"Hoy, mi prioridad en la vida es poder encontrar al asesino de María Marta. Desde mañana voy a dedicarme a investigar quién mató a mi esposa; porque hoy estoy absuelto del homicidio, pero la Justicia y la sociedad siguen creyendo que soy culpable. La absolución no despejó las dudas sobre mi supuesta responsabilidad en el homicidio de mi mujer, cuando en realidad soy totalmente inocente. Las dudas siguieron porque me condenaron por un encubrimiento que nunca cometí."

Así, Carlos Carrascosa anticipó a LA NACION, dos días después de salir de la cárcel de Campana, qué será de su vida. "Para la Justicia y para la gente seré inocente el día que encuentre al asesino. Ese es hoy mi gran desafío", expresó el marido de María Marta García Belsunce, condenado a cinco años y medio de prisión (el fallo fue apelado) por el encubrimiento del asesinato ocurrido el 27 de octubre de 2002 en el country Carmel, de Pilar.

Vestido de jeans y un buzo gastados, un distendido Carrascosa atendió a LA NACION en el living de la casa de su amigo Héctor Liñeiro, en el country CUBE, de Escobar.


-¿QUÉ PIENSA HOY DEL FISCAL DIEGO MOLINA PICO?

-Me parece que se creyó Julio César. En el dictamen en el que pidió mi procesamiento necesitó citar al emperador romano para tratar de justificar mi supuesta responsabilidad en el crimen. Dijo que vino a la escena del crimen, que miró, investigó y acusó. En realidad, se equivocó siempre. También dijo que yo era de amianto, pero en mi caso la procesión va por dentro. Tengo presión alta. En la cárcel me tuvieron que llevar al hospital para un electrocardiograma y me cuadruplicaron la dosis de pastillas para la presión.


-¿Se arrepintió de algo desde que halló el cuerpo de su esposa?

-Sí: de no haber estado más lúcido o con la cabeza más fría. Me metí en el dolor de haber perdido a la mujer que amaba y delegué las cosas en personas que, después, fueron injustamente acusadas de encubrimiento.


-¿Quién es el sospechoso de haber asesinado a su mujer?

- No lo sé. Pero voy a investigarlo hasta que lo encuentre. Hubo pistas que el fiscal dejó de lado.


-¿ESTÁ TRATANDO DE MANDARLE UN MENSAJE AL ASESINO?

-Puede ser... aunque también es un mensaje para la Justicia y la gente. No voy a parar hasta que condenen al que mató a mi mujer.


-Algunos familiares de su esposa señalaron a su vecino Nicolás Pachelo; ¿usted también?

-No tengo pruebas.


-¿PLANEA CONTRATAR ALGÚN INVESTIGADOR PRIVADO?

-No lo sé. Debo hablarlo con mis abogados, que ellos me digan si las pruebas que pudiera obtener un detective tienen validez legal.


-Cuando llegó a su casa y encontró el cuerpo de su esposa, ¿la puerta había sido forzada?

-No. La puerta principal no estaba cerrada. El picaporte se podía abrir desde afuera, no hacía falta la llave.


-¿ENCONTRÓ VIDRIOS ROTOS?

-No, nada de eso.


-¿Encontró marcas de pisadas que indicaran que el asesino se había ido por una ventana?

-No vi nada de eso y no lo recuerdo. Imagínese la conmoción al descubrir a mi mujer como la encontré.


-¿Nunca sospechó que el asesino fuera un conocido de su mujer?

-No. Insisto, hubo líneas de investigación que el fiscal no siguió.


-¿Qué era lo que anotaba durante las audiencias del juicio oral?

-Tomaba apuntes de las contradicciones de los testigos para después conversarlo con mis abogados.


-¿CUÁL FUE LA CONTRADICCIÓN MÁS GRAVE QUE ENCONTRÓ?

-Hubo muchas. La más alevosa, la de la encargada y el mozo del bar del club house. Era imposible que yo estuviera en el lugar en el que ellos dijeron. Por eso, durante el juicio necesité urgente la planimetría de ese lugar para demostrar que las cosas no fueron como esos testigos dijeron.


-Cuando comenzó el juicio se lo veía muy tranquilo, ¿pensaba que nunca lo iban a condenar?

-La verdad es que creí que me iban a meter preso en ese momento. Me asombró que no me detuvieran. Pensaba que el tribunal iba a disponer mi detención al presumir que alguien acusado de homicidio y encubrimiento no iba a comparecer todos los días al juicio. Pero demostré que no tenía qué ocultar porque soy inocente. Aunque el día del veredicto, antes de irme, por la mañana le dije a Héctor que me parecía que esa noche no volvería a dormir en casa. Por la razón, creía que me absolvían, pero por lo que se percibía en el ambiente, me parecía que me iban a condenar.


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